sábado, 21 de enero de 2017

El Reto Del Amor 21 enero 2017

Blog Católico de Javier Olivares, jubilado

 


Hoy el reto del amor es hablar con Cristo.

El Reto Del Amor 21 enero 2017
Año del Señor 2017
Lerma, 21 de enero

Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. 
Que pases un feliz día
.
PENSAMIENTOS INTELECTUALES

El otro día, el sacerdote en la homilía comentó una frase que me hizo mucha gracia. Al parecer no era suya, pero no logré quedarme con quién era el autor. Más o menos decía así:

"Aún no conozco a nadie que haya sido capaz de emborracharse a base de pensar intelectualmente en el vino".

Lo dijo con tanta gracia, que nos dibujó a todos, como mínimo, una sonrisa. A mí se me quedó grabada por lo simpático, pero, dándole vueltas en la oración, ¡he descubierto que esconde una gran verdad!

Dicen los que van a Roma, a Tierra Santa... que es totalmente diferente leer sobre esos lugares, conocerlos "intelectualmente", ¡a estar allí! Lo mismo sucede con cualquier famoso: puedes saber todo sobre su historia, sus gustos... ¡pero es totalmente distinto conocerle en persona, hablar con él!

Y, si esto sucede entre nosotros... ¡¡cuánto más con Jesucristo!! Realmente podemos saber mucho sobre Jesús... ¡pero lo que "emborracha" es conocerle en persona, estar con Él!

Hoy el reto del amor es hablar con Cristo. No sé qué tal se te da "la caza de famosos", ¡pero Él te lo pone fácil! Sabes dónde encontrarle, te está esperando. Te invito a que vayas a una iglesia y te sientes un rato. Háblale de tú a tú, escucha lo que te dice al corazón, ¡deja que te transforme! ¡Feliz día!

VIVE DE CRISTO

©Producciones es El- Vive de Cristo (Dominicas Lerma)

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viernes, 2 de diciembre de 2016

Evangelio de hoy Viernes I de Adviento 02-12-2016

Blog Católico de Javier Olivares, jubilado

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Evangelio de hoy 
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Día litúrgico: Viernes I de Adviento

Texto del Evangelio (Mt 9,27-31): Cuando Jesús se iba de allí, al pasar le siguieron dos ciegos gritando: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!». Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creéis que puedo hacer eso?». Dícenle: «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe». Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Mirad que nadie lo sepa!». Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.

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«Jesús les dice: ‘¿Creéis que puedo hacer eso?’. Dícenle: ‘Sí, Señor’»
Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM
(Barcelona, España)

Hoy, en este primer viernes de Adviento, el Evangelio nos presenta tres personajes: Jesús en el centro de la escena, y dos ciegos que se le acercan llenos de fe y con el corazón esperanzado. Habían oído hablar de Él, de su ternura para con los enfermos y de su poder. Estos trazos le identificaban como el Mesías. ¿Quién mejor que Él podría hacerse cargo de su desgracia?

Los dos ciegos hacen piña y, en comunidad, se dirigen ambos hacia Jesús. Al unísono realizan una plegaria de petición al Enviado de Dios, al Mesías, a quien nombran con el título de “Hijo de David”. Quieren, con su plegaria, provocar la compasión de Jesús: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!» (Mt 9,27).

Jesús interpela su fe: «¿Creéis que puedo hacer eso?» (Mt 9,28). Si ellos se han acercado al Enviado de Dios es precisamente porque creen en Él. A una sola voz hacen una bella profesión de fe, respondiendo: «Sí, Señor» (Ibidem). Y Jesús concede la vista a aquellos que ya veían por la fe. En efecto, creer es ver con los ojos de nuestro interior.

Este tiempo de Adviento es el adecuado, también para nosotros, para buscar a Jesús con un gran deseo, como los dos ciegos, haciendo comunidad, haciendo Iglesia. Con la Iglesia proclamamos en el Espíritu Santo: «Ven, Señor Jesús» (cf. Ap 22,17-20). Jesús viene con su poder de abrir completamente los ojos de nuestro corazón, y hacer que veamos, que creamos. El Adviento es un tiempo fuerte de oración: tiempo para hacer plegaria de petición, y sobre todo, oración de profesión de fe. Tiempo de ver y de creer.

Recordemos las palabras del Principito: «Lo esencial sólo se ve con el corazón».

jueves, 24 de noviembre de 2016

El vuelo de Icaro. Mundo de los Niños

Blog Católico de Javier Olivares, jubilado

Tengo que decir que me encontré con los Cuentos y Fábulas, Mitos y Leyendas de El Mundo de Los Niños.

Cuando era ya mayorcito lo encontré en alguna biblioteca y me gustaban los cuentos de los niños.

Todos llevamos un niño dentro de nosotros, y aquellos que no lo lleven les faltará imaginación para tener bellos sueños por la noche.

Yo lo creo así. Por eso al encontrar este blog, se me ocurre que pondré de vez en cuando un Cuento de niños, para que los mayores disfruten, si tienen alma de niños, de la relectura de estos cuentos. Ahí va este ejemplo.
Que los disfrutes

Franja.

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El vuelo de Icaro

By Manuel on 4-24-2014 in 2 
- Cuentos y Fábulas, Mitos y leyendas

por Sally Benson

Hace mucho tiempo vivía en Grecia un famoso inventor. Su nombre era Dédalo. En cierta ocasión, se hallaba visitando con su hijo la isla de Creta, pero el rey Minos, gobernador de la isla, se enfadó con él, y ordenó que lo encerraran en una torre muy alta frente al mar.


Después de un tiempo, y con ayuda de su hijo Icaro, Dédalo consiguió escapar de la celda donde estaba prisionero; entonces, vio que no podía salir de la isla, pues la guardia del rey vigilaba cuidadosamente todos los barcos que salían hacia otros lugares y era difícil esconderse en alguno de ellos para huir.
Sin embargo, Dédalo no se desanimó por esta dificultad.

—Minos puede dominar el mar y la tierra —se decía—, pero no domina el aire. Probaré este medio.

En su escondite del acantilado habló con Icaro y le dijo que reuniera todas las plumas que pudiera encontrar en la costa rocosa. Como sobre la isla volaban miles de gaviotas, rápidamente logró juntar un enorme montón de plumas desprendidas de las aves. Entonces, Dédalo derritió cera para fabricar un esqueleto en forma de alas de pájaro. Las plumas pequeñas las pegó con cera y las grandes las ató con una cuerda. Icaro jugaba felizmente en la playa mientras su padre trabajaba; perseguía las plumas que el aire se llevaba, y a veces cogía trozos de cera y modelaba variadas figuras con sus dedos.

Era divertido hacer las alas. Las plumas brillaban al sol mientras la brisa las rizaba. Cuando hubo terminado su ingenioso invento, Dédalo se las ató a los hombros y se elevó del suelo aprovechando una ráfaga de viento. Al ver que daba resultado, construyó otro par de alas para su hijo. Eran más pequeñas que las suyas, pero fuertes y muy hermosas.

Finalmente, un día luminoso en que azotaba el viento, Dédalo ató las alas pequeñas a los hombros de Icaro para enseñarle a volar. Le hizo observar los movimientos de los pájaros, cómo volaban y se deslizaban sobre sus cabezas. Le señalaba el gracioso y bonito movimiento de las alas que batían suavemente el aire. Icaro comprendió en seguida que él también podía volar, y subiendo y bajando los brazos se levantó sobre la fina arena de la playa e incluso sobre las olas, dejando que sus pies tocaran la blanca espuma que se formaba al romper el agua contra las afiladas rocas.

Dédalo lo miraba con orgullo, y también con recelo; llamó a Icaro para que volviera a su lado y, poniendo el brazo sobre sus hombros, le dijo:

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—Icaro, hijo mío, estamos a punto de emprender nuestro vuelo. Ningún ser humano ha ido antes por el aire, y quiero que oigas atentamente mis instrucciones: vuela a poca altura, pero ten en cuenta que si lo haces muy bajo, la niebla y la humedad mojarán tus alas, y si vuelas muy alto, el calor del sol fundirá la cera con que están formadas. Vuela sin separarte de mí y estarás a salvo.

Sujetó las alas fuertemente a la espalda de su hijo y le dio un beso. Icaro, de pie bajo el sol brillante, con las alas que le caían graciosamente de los hombros, el peló dorado y su mirada húmeda por la emoción, parecía un extraño y hermoso pájaro. Los ojos de Dédalo se llenaron de lágrimas y, dando la vuelta, se lanzó al aire al mismo tiempo que decía a Icaro que le siguiera. De vez en cuando, volvía la cabeza para asegurarse de que el niño estaba bien y sabía agitar las alas. Mientras pasaban sobre la tierra, antes de sobrevolar el mar removido, los campesinos se detenían a mirarlos y los pastores creían que se trataba de dos dioses.

Padre e hijo volaron largo tiempo y dejaron lejos las ciudades de Samos, Délos y Lebintos.

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A Icaro, que movía alegremente las alas, le emocionaba la sensación fresca del viento que golpeaba su cara y acariciaba su cuerpo. Volaba cada vez más alto, hasta que llegó a las nubes. Su padre, al ver que subía demasiado, trató de seguirle, pero su cuerpo era más pesado y no pudo alcanzarle. Icaro penetraba en las blandas nubes y volvía a salir. Le encantaba verse libre en el aire y, batiendo las alas con frenesí, subía más y más.


Pero el sol que le miraba fijamente, reblandecía con sus ardientes rayos la cera de sus alas; las plumas más pequeñas se soltaban y caían balanceándose lentamente, como para avisar a ícaro de que detuviera su loca subida. Sin embargo, Icaro seguía entusiasmado su vuelo; cuando se dio cuenta del peligro que le acechaba, el sol había calentado tanto las alas que las plumas más grandes también comenzaron a caer y él empezó a bajar como una flecha.

En aquel momento llamó a su padre pidiéndole ayuda, pero su voz se hundía en las aguas azules del mar, que desde entonces lleva su nombre.
Dédalo, lleno de ansiedad, le llamaba:

—¡Icaro, Icaro! ¡Hijo mío! ¿Dónde estás?

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Por fin, vio las plumas que flotaban en el cielo y a su hijo que iba a estrellarse contra el mar. Dédalo se apresuró a salvarle, pero ya era tarde. Recogió al niño en sus brazos y fue volando hacia tierra, rozando con la punta de las alas el agua, por el doble peso que llevaban. Llorando desconsoladamente, enterró a su hijo y dio el nombre de Icaria a aquella tierra en recuerdo suyo.

Después, con ágil vuelo se lanzó otra vez al aire, pero sin el contento anterior; esta vez, su victoria sobre el aire era triste. Llegó sano y salvo a Sicilia, donde construyó un templo a Apolo y colgó en él sus alas como ofrenda.


miércoles, 16 de noviembre de 2016

Evangelio de hoy Miércoles XXXIII del tiempo ordinario 16-11-201616-

Blog Católico de Javier Olivares, jubilado


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Evangelio de hoy
Día litúrgico: Miércoles XXXIII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 19,11-28): En aquel tiempo, Jesús estaba cerca de Jerusalén y añadió una parábola, pues los que le acompañaban creían que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro. Dijo pues: «Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse. Habiendo llamado a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: ‘Negociad hasta que vuelva’. Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: ‘No queremos que ése reine sobre nosotros’.

»Y sucedió que, cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos, a los que había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. Se presentó el primero y dijo: ‘Señor, tu mina ha producido diez minas’. Le respondió: ‘¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de diez ciudades’. Vino el segundo y dijo: ‘Tu mina, Señor, ha producido cinco minas’. Dijo a éste: ‘Ponte tú también al mando de cinco ciudades’. Vino el otro y dijo: ‘Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo; pues tenía miedo de ti, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste, y cosechas lo que no sembraste’. Dícele: ‘Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré; pues, ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses’.

»Y dijo a los presentes: ‘Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas’. Dijéronle: ‘Señor, tiene ya diez minas’. ‘Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y aquellos enemigos míos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí’».

Y habiendo dicho esto, marchaba por delante subiendo a Jerusalén.


«Negociad hasta que vuelva»
P. Pere SUÑER i Puig SJ
(Barcelona, España)
Hoy, el Evangelio nos propone la parábola de las minas: una cantidad de dinero que aquel noble repartió entre sus siervos, antes de marchar de viaje. Primero, fijémonos en la ocasión que provoca la parábola de Jesús. Él iba “subiendo” a Jerusalén, donde le esperaba la pasión y la consiguiente resurrección. Los discípulos «creían que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro» (Lc 19,11). Es en estas circunstancias cuando Jesús propone esta parábola. Con ella, Jesús nos enseña que hemos de hacer rendir los dones y cualidades que Él nos ha dado, mejor dicho, que nos ha dejado a cada uno. No son “nuestros” de manera que podamos hacer con ellos lo que queramos. Él nos los ha dejado para que los hagamos rendir. Quienes han hecho rendir las minas —más o menos— son alabados y premiados por su Señor. Es el siervo perezoso, que guardó el dinero en un pañuelo sin hacerlo rendir, el que es reprendido y condenado.

El cristiano, pues, ha de esperar —¡claro está!— el regreso de su Señor, Jesús. Pero con dos condiciones, si se quiere que el encuentro sea amistoso. La primera es que aleje la curiosidad malsana de querer saber la hora de la solemne y victoriosa vuelta del Señor. Vendrá, dice en otro lugar, cuando menos lo pensemos. ¡Fuera, por tanto, especulaciones sobre esto! Esperamos con esperanza, pero en una espera confiada sin malsana curiosidad. La segunda es que no perdamos el tiempo. La espera del encuentro y del final gozoso no puede ser excusa para no tomarnos en serio el momento presente. Precisamente, porque la alegría y el gozo del encuentro final será tanto mejor cuanto mayor sea la aportación que cada uno haya hecho por la causa del reino en la vida presente.

No falta, tampoco aquí, la grave advertencia de Jesús a los que se rebelan contra Él: «Aquellos enemigos míos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí» (Lc 19,27).




El Reto Del Amor 16 noviembre 2016

Blog Católico de Javier Olivares, jubilado


COMENTARIO DE EL RETO DE HOY.

Como puedes observar podemos tener con los animalitos en nuestras casas-las mascotas, les llama el Papa Francisco - más cuidados de cariño, que con las mismas personas de la casa.
Están bien unos...pero sin descuidar el otro.
Ya lo decía D. Jesús Urteaga: "Si no tenéis hijos...tendréis perros".
Y lo explicaba él sin herir a nadie.
Que el hombre es por naturaleza afectivo a las personas y a los animales y por eso llegó a "domesticar" a los animales.
Pero se quejaba de que se podía cerrar la puerta a un nuevo hijo y abrirla para descargar el cariño o afectividad con los animalitos.
"Pobre sustitución problablemente estéril".
y no me lo toméis a mal.
La "parejita" se siente solita en casa y pide un hermanito a sus padres y le traen un perrito de consolación.  
¿Me equivoco?
Franja.


El Reto Del Amor 16 noviembre 2016

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Hoy el reto del amor es que, de camino al trabajo, 
o al colegio, o a la compra, te pares

Año del Señor 2016
Lerma,16 de noviembre

Hola, buenos días, hoy Lety nos lleva al Señor. 
Que pases un feliz día.

CRUZA LA PUERTA Y ENTRA EN TU CASA

Estos días hemos estado trabajando en el callejón poniendo las puertas (como el frío está fuerte ya no se podía estar en él).

En el callejón, entre los armarios y mesas de trabajo, al fondo, está la caseta de Jubi. La verdad es que, cuando nos la regalaron, pensaron en una especial para protegerla del frío. Ayer me acerqué a la caseta para ver cómo lo tenía organizado Sión, porque desde lejos veía una manta cubriendo la puerta...

Llegué a la caseta y me encontré, dentro, un colchón súper cómodo; en la puerta, para que no entre el frío, una almohada (que Jubi ya ha deshecho); y, efectivamente, cayendo del tejado, estaba la manta que cubre la puerta de la caseta.

Jubi se hace hueco para entrar o salir entre tanta cosa, ¡es una aventura! Pero la verdad es que, después, verla dormir es una gozada, porque se la ve la mar de tranquila y calentita.

A mí esto durante todo el día me hizo orar y preguntarme: ¿dónde tienes tu casa? ¿Dónde sientes tu casa? ¿Somos capaces de pasar una manta, obstáculos... hasta llegar al sitio de descanso?

Pues tu casa y la mía es la misma, es la Iglesia; en ella nos encontramos, en ella encuentras tu lugar de descanso. Pero muchas veces tendrás que pasar por mantas, como puede ser esa persona (sacerdote, religioso, seglar...) que no te gusta, que tiene algún defecto con el que no puedes... También es posible que mires la puerta y veas que en la Iglesia hay un montón de misterios para vivirlos, no para entenderlos... Sin embargo, si consigues pasar por todos ellos y llegar al interior, descubrirás el amor que Cristo te tiene, sentirás un gran descanso y la Paz entrará en tu alma.

Hoy el reto del amor es que, de camino al trabajo, o al colegio, o a la compra, pares y entres en esa iglesia ante la que todos los días pasas de largo. Atrévete a cruzar todas las barreras que tengas en tu interior y entra a tu casa; en ella siente y mira a Cristo en el Sagrario. Gracias por cruzar la puerta y entrar hoy a nuestra casa.


VIVE DE CRISTO
 
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viernes, 11 de noviembre de 2016

El Reto Del Amor 11 noviembre 2016

Blog Católico de Javier Olivares, jubilado

Hoy el reto del amor es que te dejes abrazar por Cristo,
 que le busques en el sacramento del amor

El Reto Del Amor 11 noviembre 2016

Año del Señor 2016
Lerma,11 de noviembre

Hola, buenos días, hoy Joane nos lleva al Señor.
 Que pases un feliz día.
  
NO ES CUESTIÓN DE DETERGENTE

Durante los Ejercicios el Señor me regaló pintar un icono para una amiga. Un icono en el que quería transmitirle en un momento difícil para ella el Amor de Cristo, su presencia real en la Eucaristía; a Él sosteniéndola en esos momentos.

Y así fui pintando, corrigiendo, volviendo a pintar... cualquier momento era bueno para hacer una mezcla, un detalle. Y así terminé a lo largo de la semana. Icono pintado y... oh, oh... ¡también mi bata! ¡Parecía una auténtica paleta! ¡Menuda había liado! ¡¿Cómo lo podría solucionar?!

La sumergí en agua caliente, luego fría, en un jabón, luego en otro, spray desengrasaste... ¡no se iba con nada! Llegué a dejarla bastantes días a remojo, y nada, ahí se han quedado las manchas.

El domingo se clausura la Puerta Santa. Ha sido un año en que la Iglesia nos ha recordado de mil maneras el amor que Cristo tiene por cada uno, nos ha mostrado cómo es el corazón de Cristo. Ahora miro la bata con las manchas, me río, le veo a Él que me dice "Para ya, ven a mí, déjate abrazar con las manchas, soy yo el que haré una persona nueva de ti".

Hoy pensaba en cómo la Iglesia, en este año, nos ha facilitado que nos acerquemos al sacramento de la Reconciliación. Sacramento que, mirando la bata, descubría que no es el barreño en el que metí la bata por el susto y la culpabilidad que tenía por las manchas, por mi pobreza; tampoco el jabón ni los sprays con que pretendía dejar todo perfecto; en realidad es lo que quería significar con el icono para mi amiga. Es el rostro de Cristo, es Él, que cuenta con que te vas a manchar la bata una y mil veces, y te mira con ternura. Es Él, que de cada sacerdote ha hecho un ministro de Su Misericordia para que puedas sentirte abrazado, reconstruido. Es Él, que está ahí siendo tu apoyo y consuelo. Es Él, que ve tu corazón herido, sufriendo, y quiere reconstruirte.

Cuántas veces nos han dicho que la confesión es como el detergente con el que llegas a la perfección; sin embargo, es Encuentro con la mirada Amorosa de Cristo, con su misericordia que sana, que abraza y perdona; es un volver a empezar en Él.

Si tu corazón está a remojo, con spray, con jabón... si tu vida está en tus fuerzas y sientes que no puedes, hoy el reto del amor es que te dejes abrazar por Cristo, que le busques en el sacramento del amor.

VIVE DE CRISTO

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martes, 25 de octubre de 2016

lunes, 26 de septiembre de 2016

Evangelio de hoy 27-09-2016, Martes XXVI del tiempo ordinario

Blog Católico de Javier Olivares, jubilado

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Evangelio de hoy

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Día litúrgico: Martes XXVI del tiempo ordinario

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Texto del Evangelio (Lc 9,51-56): Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.

«Volviéndose, les reprendió»
Rev. D. Llucià POU i Sabater
(Granada, España)

Hoy, en el Evangelio, contemplamos cómo «Santiago y Juan, dijeron: ‘Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?’. Pero volviéndose, les reprendió» (Lc 9,54-55). Son defectos de los Apóstoles, que el Señor corrige.

Cuenta la historia de un aguador de la India que, en los extremos de un palo que colgaba en sus espaldas, llevaba dos vasijas: una era perfecta y la otra estaba agrietada, y perdía agua. Ésta —triste— miraba a la otra tan perfecta, y avergonzada un día dijo al amo que se sentía miserable porque a causa de sus grietas le daba sólo la mitad del agua que podía ganar con su venta. El trajinante le contestó: —Cuando volvamos a casa mira las flores que crecen a lo largo del camino. Y se fijó: eran flores bellísimas, pero viendo que volvía a perder la mitad del agua, repitió: —No sirvo, lo hago todo mal. El cargador le respondió: —¿Te has fijado en que las flores sólo crecen a tu lado del camino? Yo ya conocía tus fisuras y quise sacar a relucir el lado positivo de ellas, sembrando semilla de flores por donde pasas y regándolas puedo recoger estas flores para el altar de la Virgen María. Si no fueses como eres, no habría sido posible crear esta belleza.

Todos, de alguna manera, somos vasijas agrietadas, pero Dios conoce bien a sus hijos y nos da la posibilidad de aprovechar las fisuras-defectos para alguna cosa buena. Y así el apóstol Juan —que hoy quiere destruir—, con la corrección del Señor se convierte en el apóstol del amor en sus cartas. No se desanimó con las correcciones, sino que aprovechó el lado positivo de su carácter fogoso —el apasionamiento— para ponerlo al servicio del amor. Que nosotros también sepamos aprovechar las correcciones, las contrariedades —sufrimiento, fracaso, limitaciones— para “comenzar y recomenzar”, tal como san Josemaría definía la santidad: dóciles al Espíritu Santo para convertirnos a Dios y ser instrumentos suyos.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Susurro de Dios 2016

Blog Católico de Javier Olivares, jubilado


Susurro de Dios

Un hombre susurró: "Dios, háblame".
Y entonces cantó un pajarito. Pero el hombre no escuchó.

Entonces, el hombre gritó: "Dios, háblame".
Y entonces se oyeron truenos a través de un colchón de nubes.
Pero de nuevo el hombre no escuchó.

El hombre miró a su alrededor y dijo: "Dios, déjame verte".
Y una estrella brilló en el firmamento como nunca había brillado.
Pero el hombre no miró al cielo y no la vio...

Entonces el hombre, indignado, fuertemente gritó:
"Dios, déjame ver un milagro". ¡Y nació su hijo!
Pero el hombre no se dio cuenta de la nueva e irrepetible vida que comenzaba.

Entonces gritó desesperado: "Dios, tócame, déjame sentirte". 
En ese momento, Dios bajó del cielo y tocó al hombre en su mejilla suavemente.
Pero el hombre quitó la linda mariposa de su mejilla y siguió su camino.

Esto nos debe recordar que Dios siempre está a nuestro lado, en todo, en lo grande y lo sencillo, al igual que en cosas a las que no le prestamos mucha atención.
Inclusive en nuestra era electrónica.

El hombre, llorando, gritó: "Dios, necesito tu ayuda".
Y, en ese momento, le llegó un mensaje de correo electrónico con buenas noticias, dándole aliento, y con la oración y el abrazo de alguien que lo quería...
El hombre no lo vio... Siguió trabajando y lo borró sin leerlo.


No te pierdas de una oración ni de un buen amigo sólo porque la envoltura no es lo que tú esperas...


Dios nos habla a través de las personas más sencillas y menos esperadas.


Este mensaje vino con la instrucción de que yo lo envíe a todo aquél a quien yo quiera que Dios le dé su bendición, y yo te escogí a ti.


Tú puedes hacer lo mismo y enviárselo a quien tú quieras bendecir también. Espera siempre lo inesperado .